Ante la fotografía de un banco de materiales rústicos situado junto a la
escalera que sube al techo-jardín de la casa en el lago Léman (1922), que
ilustra el libro Un petit maison, Le
Corbusier sentencia: “un auténtico hecho
de la arquitectura, excúseme Vignola”.
Le Corbusier pudo haberse referido a cualquiera de los otros hechos de
la casa: la hermosa ventana horizontal que da sobre el lago; o la mesa adosada
al muro de cierre del jardín, pero prefirió la modesta elementalidad de un
banco para designar la realidad más profunda de la arquitectura. El banco de
madera, a la distancia justa del muro para que éste haga las veces de respaldo;
muro que a su vez ha sido seguramente entibiado por el sol. Asoleamiento que
sumado a la vista (que no vemos pero que podemos suponer) hacen de este un buen
lugar para dejar pasar el tiempo. Tiempo que no es solitario, porque las
separaciones entre las 3 ventanas del subsuelo que se asoman sobre el banco,
permiten que dos personas, y sólo dos,
se apoyen. ¿Qué más se puede querer, qué más que esto puede aspirar a
construir la arquitectura?
Remitirse a los hechos de la arquitectura significa para Le Corbusier
recordar los orígenes de ésta, a la vez que explorar sus posibilidades
inéditas: un esfuerzo de depuración por el cual se la despoja de todo aquello
que ha venido cargando; procedimientos establecidos y accesorios repetitivos
(la referencia a Vignola propone de manera más explícita la intención de
separar la arquitectura del puro dominio de las formas y de su imitación).
Un hecho arquitectónico es la relación precisa entre forma y vida, o,
todavía más radical, entre una construcción y los usos.
Un hecho arquitectónico es la relación mítica entre forma y vida;
mito es decir una cosa de una vez por todas.
Extraído del ensayo "Los hechos de la arquitectura"
(Alejandro Aravena, José Quintanilla y Fernando Pérez Oyarzún)
Las manos temblorosas de un anciano de ochenta y seis inviernos, esforzadas en mostrar la diferencia entre la sintaxis moderna y la orgánica es una poderosa imagen. La gravedad que desprenden está en saber que cuando el tiempo acucia, el último estertor se destina a prorrogar los mensajes vitales.
El caso es que siempre todo puede decirse de modo más sencillo.
Y al respecto a las estrategias de la arquitectura, basta una triada de verbos elementales para resumirlas todas: copiar, trasformar y combinar.
Dicho así suena fácil, pero poder enunciar esta simpleza así me ha llevado seis años.
De estas estrategias elementales de copiar, trasformar y combinar se derivan todas las demás. Si a eso sumamos que copiar es un acto imposible, ya que nunca el lugar, la materia, el cliente o los medios constructivos de la arquitectura son idénticos, y que toda copia acaba modificada por repetición, seriación o sus similares, y por tanto convertida en una estrategia de trasformación o combinación, queda una ecuación verdaderamente sencilla, en la que las múltiples estrategias se reducen a dos.
Un binomio mágico, eso sí, y de cierta importancia, del que mana el resto de las acciones posibles con que se genera la forma de la arquitectura, en una cascada rica y productiva que riega la obra de cualquier arquitecto y época.
De la estrategia de la trasformación nace el imitar, el deformar, el aumentar, el plegar, citar, recortar y todos sus derivados, tanto los basados en la consciencia posmoderna como en toda deformación… Arquitectos trasformativos son tanto Mies y Wright con sus operaciones sobre la apertura de la caja, como las contemporáneas deformaciones de lo paramétrico.
Por otro lado, de la estrategia del combinar brota todo el universo de lo híbrido, del collage y de toda mezcla: el componer, añadir, incrustar, repetir, etc… El listado se extiende y ramifica como en un árbol genealógico extenso inagotable desde un Le Corbusier y la exigencia combinatoria de sus cinco puntos, a Koolhaas y sus “elementos” de arquitectura.
Tanto es así que desde estos parámetros puede enunciarse una lectura compleja de la historia de la arquitectura. Asociar el periodo renacentista a un arte combinatoria y luliana, o el esfuerzo gótico a una estrategia de trasformación de la piedra, es un hecho tan cierto como poco desarrollado. Cada época tiene en su seno una estrategia prevalente, un eon que la recorre y que puntualmente aflora. El gen estratégico dominante determina el carácter preponderante de un momento histórico, y no ya en términos de “clásico” o “barroco”, o de “zorros” y “erizos”…
Sin embargo, y a pesar de estas elucubraciones, hacer una lectura de las estrategias de la arquitectura donde no exista la presencia de tensiones históricas que las desplacen como grandes masas tectónicas, es caer en el reduccionismo de la receta y vaciarlas de contenido.
Conste, cabe decir después de todo lo anterior, que me interesa la concisión pero solo si no se pierde con ella los matices.
(A uno le gusta pensar que "E=mC2" o "cogito ergo sum" no son formulas vacías, por mucho que para desarrollar las profundidades que encierran se requiera unas buenas docenas de años).
El caso es que siempre todo puede decirse de modo más sencillo.
Y al respecto a las estrategias de la arquitectura, basta una triada de verbos elementales para resumirlas todas: copiar, trasformar y combinar.
Dicho así suena fácil, pero poder enunciar esta simpleza así me ha llevado seis años.
De estas estrategias elementales de copiar, trasformar y combinar se derivan todas las demás. Si a eso sumamos que copiar es un acto imposible, ya que nunca el lugar, la materia, el cliente o los medios constructivos de la arquitectura son idénticos, y que toda copia acaba modificada por repetición, seriación o sus similares, y por tanto convertida en una estrategia de trasformación o combinación, queda una ecuación verdaderamente sencilla, en la que las múltiples estrategias se reducen a dos.
Un binomio mágico, eso sí, y de cierta importancia, del que mana el resto de las acciones posibles con que se genera la forma de la arquitectura, en una cascada rica y productiva que riega la obra de cualquier arquitecto y época.
De la estrategia de la trasformación nace el imitar, el deformar, el aumentar, el plegar, citar, recortar y todos sus derivados, tanto los basados en la consciencia posmoderna como en toda deformación… Arquitectos trasformativos son tanto Mies y Wright con sus operaciones sobre la apertura de la caja, como las contemporáneas deformaciones de lo paramétrico.
Por otro lado, de la estrategia del combinar brota todo el universo de lo híbrido, del collage y de toda mezcla: el componer, añadir, incrustar, repetir, etc… El listado se extiende y ramifica como en un árbol genealógico extenso inagotable desde un Le Corbusier y la exigencia combinatoria de sus cinco puntos, a Koolhaas y sus “elementos” de arquitectura.
Tanto es así que desde estos parámetros puede enunciarse una lectura compleja de la historia de la arquitectura. Asociar el periodo renacentista a un arte combinatoria y luliana, o el esfuerzo gótico a una estrategia de trasformación de la piedra, es un hecho tan cierto como poco desarrollado. Cada época tiene en su seno una estrategia prevalente, un eon que la recorre y que puntualmente aflora. El gen estratégico dominante determina el carácter preponderante de un momento histórico, y no ya en términos de “clásico” o “barroco”, o de “zorros” y “erizos”…
Sin embargo, y a pesar de estas elucubraciones, hacer una lectura de las estrategias de la arquitectura donde no exista la presencia de tensiones históricas que las desplacen como grandes masas tectónicas, es caer en el reduccionismo de la receta y vaciarlas de contenido.
Conste, cabe decir después de todo lo anterior, que me interesa la concisión pero solo si no se pierde con ella los matices.
(A uno le gusta pensar que "E=mC2" o "cogito ergo sum" no son formulas vacías, por mucho que para desarrollar las profundidades que encierran se requiera unas buenas docenas de años).
Original en: santiagodemolina.com
Acá subimos dos casos más de estudio sobre el tema geometrales. Los apuntes fueron confeccionados por Elisa Fuscaldo y Alejandro Campos Bermúdez.
Villa Mairea
Robie House
Autor: Dr. Arq. ANIBAL MOLINE
Colaboradores: Arqs. M. Garaffa, S. Bechis, G. Castiglioni y M.Wade
PA II - AGOSTO 2013 - 1º cuatrimestre – FAP y D UNR
1. Introducción
Parte de la tarea realizada por el curso de Proyecto Arquitectónico II, durante el desarrollo del primer semestre del 2013 se refiere a la exploración y crítica de las posibilidades proyectuales de transformación urbana de dos sectores de la ciudad de Río de Janeiro, a fin de contribuir a la mejora y renovación de los mismos teniendo en cuenta los lineamientos estratégicos planteados en dicha metrópolis, y al mismo tiempo, para poner a prueba un conjunto de criterios y parámetros de proyecto orientados a la formulación de un repertorio de alternativas que pudieran servir de orientación proyectual para su eventual aplicación en esas áreas.
En ambos casos -Mangueira y Santa Marta- la exploración se orientó hacia la rehabilitación y el mejoramiento urbano, a fin de albergar las familias derivadas de las viviendas que se demuelen por razones de seguridad y saneamiento, y al mismo tiempo, ampliar la oferta residencial para nuevos residentes, conservando y reacondicionando buena parte del tejido existente, y eventualmente, incorporando las dotaciones complementarias derivadas de los requerimientos generados por los propósitos de la intervención.
Si bien este escrito trata específicamente sobre los dos casos ya citados, cabe aclarar que el total del curso de PA II se organizó en base al tema viviendas urbanas en Rosario y en Río de Janeiro, asignando a cada ciudad la mitad del alumnado; de ese modo fue posible por un lado, enriquecer los contenidos del aprendizaje, y por el otro, a través de la continua confrontación crítica entre los estudios y las propuestas de las distintas localizaciones, se facilitó la comprensión, interpretación y el manejo operativo de las relaciones entre las soluciones proyectuales y las demandas particulares de cada situación de intervención.
Autor: Dr. Arq. Aníbal Moliné - FAP y D - 2013
Colaboradores: Mgter. Arq. Guillermo Banchini y Arq. Alejandro Beltramone
1. Introducción
La similitud de escala y situación entre Rosario y Porto Alegre, junto a la intensidad y continuidad de las acciones que la primera ha desplegado en los procesos orientados a la recuperación de la vinculación entre río y ciudad mediante una serie de actuaciones públicas y privadas en su franja costera, ha estimulado un alto grado de interés y de participación por parte de los alumnos y docentes para abordar la problemática sobre la rehabilitación de un sector de la costa de la citada ciudad brasileña, como caso de estudio para el segundo trabajo troncal del año 2011 de Proyecto Arquitectónico III.
Durante la realización del Seminario Internacional sobre la problemática urbana de la costa de Porto Alegre -donde participaron representantes de la Secretaría de Planeamiento de Rosario y los de la ciudad organizadora- surgió la posibilidad de efectuar una experiencia de intercambio entre las facultades de arquitectura de ambas ciudades, para desarrollar exploraciones proyectuales orientadas a la recuperación del sector central de dicha costa.
A tal efecto, se organizó en agosto de 2011 un viaje a la mencionada ciudad con los alumnos y docentes de 6º curso de nuestro taller y se implementó un workshop con la participación de la cátedra de Urbanismo IV del Dr. Arq. G. Cabral y del Coordinador del Grupo de Trabajo de la Costa Arq. M. Allet, ambos de Porto Alegre.
Dado que desde una aproximación metropolitana – regional, la costa de Porto Alegre es más extensa que la que se abordó, cabe aclarar que a fin de acotar la tarea, la cátedra concentró los estudios exploratorios en la franja más urbanizada; subdividiéndola en tres sectores -norte, central y sur- de acuerdo a las diferentes características que le otorgan identidad a cada área:
Norte, donde se produjo el desplazamiento del puerto actual.
Central, contiene remanentes del puerto fundador y corresponde a la parte más densa y consolidada de la ciudad.
Sur, corresponde a la franja costera con mayor presencia de la naturaleza.
El objetivo principal, fue comprender la dimensión de la problemática a partir de conocer la ciudad en su conjunto para de ese modo, abordar en cada propuesta proyectual los aspectos y temas relevantes de cada sector pero sin perder la visión de totalidad de la costa. Para lograr dicho objetivo fue necesario operar articulando distintas modalidades de abordaje y operación, tales como, escalas geográfica, metropolitana, paisajística, urbana y arquitectónica.
"El sector Mangueira como caso de exploración proyectual”
Autor: Dr. Arq. Aníbal Moliné - FAP y D - 2013
Colaboradores: Mgter. Arq. Guillermo Banchini y Arq. Alejandro Beltramone
1- Introducción
Abordar la problemática de la relación entre intervención urbana e intervención arquitectónica, es una tradición del Taller, y es en el sexto curso donde se desarrolla con mayor profundidad.
Durante los últimos años nos hemos abocado a diferentes áreas de revitalización urbana dentro del tejido de Rosario, pero a partir del año 2011 comenzamos a hacerlo fuera de nuestra ciudad, especialmente en Brasil.
La experiencia inicial fue en Porto Alegre, y consistió en un viaje de alumnos y docentes para visitar la ciudad y participar de un seminario de recuperación de la costa organizado por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Federal, del que luego se derivó el tema desarrollado en el segundo ejercicio troncal del curso.
En el 2012 hemos concentrando nuestra atención en Río de Janeiro, no sólo por su carácter de metrópolis a escala mundial, sino también por el sentido vivencial que posee el carioca sobre el significado del espacio público, ya sea con relación al paisaje natural, al paisaje urbano o con ambos en su conjunto.
Para ello, se ha visitado la ciudad, en dos oportunidades, con buena parte del alumnado. Durante dichos viajes se efectuaron recorridos guiados a diferentes obras, favelas y lugares emblemáticos, complementados a su vez con clases de arquitectos y sociólogos de Río.
El Arq. Duarte, docente de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica de Río de Janeiro, participó como jurado invitado en la crítica de la fase correspondiente a la elaboración de las propuestas urbanas para el sector Mangueira, y además, fue quién propuso incorporar el área de Santo Dumont, para explorarla proyectualmente, en función del interés que tiene el municipio por re cualificar el equipamiento de la zona del aeropuerto a raíz del intenso crecimiento del tránsito aéreo en la última década.

Se ha puesto de moda en muchos círculos de arquitectura declarar la muerte del dibujo. ¿Qué le pasó a nuestra profesión, y a nuestro arte, para causar el supuesto fin de nuestro medio más contundente para conceptualizar y representar la arquitectura? La computadora, por supuesto. Con su tremenda capacidad para organizar y presentar datos, la computadora está transformando todos los aspectos relacionados con el trabajo de los arquitectos, desde abocetar las primeras impresiones de una idea hasta crear complejos documentos de construcción para los contratistas. Durante siglos, el sustantivo “dígito” (del latín, “digitus”) se definió como “dedo”, pero ahora su forma adjetival, “digital”, se relaciona con datos. ¿Nuestras manos se están volviendo obsoletas como herramientas creativas? ¿Están siendo reemplazadas por máquinas? ¿Y dónde deja eso al proceso creativo arquitectónico?
En la actualidad, los arquitectos normalmente utilizan el software de diseño asistido por computadora con nombres como AutoCAD y Revit, una herramienta para “modelado de información para la edificación”. Los edificios ya no sólo se diseñan visual y espacialmente; se “computarizan” a través de bases de datos interconectadas.
Ejerzo la arquitectura desde el año 1964, y mi estudio no está inmunizado. Como la mayoría de los arquitectos, en nuestra rutina usamos éste y otros programas de software, especialmente para los documentos de obra, pero también para desarrollar diseños y hacer presentaciones. No es algo intrínsecamente problemático, salvo que sea sólo eso.
Por muy impresionante que llegue a ser la tecnología, la arquitectura no puede divorciarse del dibujo. Los dibujos no son únicamente productos finales: son parte del proceso de pensamiento del diseño arquitectónico. Los dibujos expresan la interacción de nuestras mentes, ojos y manos. Esta última aseveración es absolutamente crucial respecto de la diferencia entre los que dibujan para conceptualizar la arquitectura y los que usan la computadora.
Por supuesto, en ciertos aspectos, el dibujo no está muerto: hay un enorme mercado para el trabajo original de arquitectos respetados. He tenido varias muestras individuales en galerías y museos de Nueva York y otras partes, y mis dibujos figuran en las colecciones del Metropolitan Museum of Art, del Museo de Arte Moderno y del Cooper-Hewitt. ¿Puede, empero, el valor de los dibujos ser el de un objeto de colección o una linda imagen? No. Al hacer cada dibujo, tengo un verdadero propósito, ya sea recordar o estudiar algo. Cada uno es parte de un proceso y no un fin en sí mismo. Personalmente, no sólo me siento fascinado por qué deciden dibujar los arquitectos sino por aquello que deciden no dibujar.
Llevo décadas afirmando que el dibujo arquitectónico puede dividirse en tres tipos a los que yo llamo: el “boceto referencial”, el “estudio preparatorio” y el “dibujo definitivo”. El dibujo definitivo, el último y más desarrollado de los tres, en la actualidad es casi universalmente producido en la computadora, y está bien. Pero, ¿y los otros dos? ¿Qué valor tienen en el proceso creativo? ¿Qué pueden enseñarnos?
El boceto referencial sirve como diario visual, un registro de los descubrimientos que hace un arquitecto. Puede ser tan simple como una anotación taquigráfica de un concepto de diseño o puede describir detalles de una composición más grande. Podría inclusive no ser un dibujo relacionado con un edificio o un momento en la historia. Es probable que no represente la “realidad”, sino que más bien capture una idea.
Estos bocetos son, por ende, intrínsecamente fragmentarios y selectivos. Cuando dibujo algo, lo recuerdo. El dibujo sirve para recordarme la idea que me llevó a registrarla en primer lugar. Esa conexión visceral, ese proceso de pensamiento, no puede ser replicado por una computadora.
El segundo tipo de dibujo, el estudio preparatorio, forma parte normalmente de una progresión de dibujos que elaboran un diseño. Al igual que el boceto referencial, puede no reflejar un proceso lineal. (El diseño asistido por computadora me parece mucho más lineal.)
A mí personalmente me gusta dibujar en papel de calcar amarillo, que me permite ir superponiendo por capas un dibujo sobre otro, tomando como base lo que dibujé antes y, como dije antes, crear una conexión emocional personal con el trabajo.
Hay cierto goce en la creación de estos dos tipos de dibujo que deriva de la interacción entre la mente y la mano. Esas interacciones físicas y mentales con los dibujos constituyen actos formativos. En un dibujo hecho a mano, ya sea en una tableta electrónica o sobre papel, hay entonaciones, huellas de intenciones y especulación. No se diferencia mucho de la forma en que un músico puede entonar una nota o en que entendemos subliminalmente una improvisación de jazz y nos hace sonreír.
Encuentro que esto difiere mucho del “diseño paramétrico” actual, que permite a la computadora generar la forma a partir de una serie de instrucciones, lo cual deriva a veces en la llamada arquitectura amorfa. Los diseños son complejos e interesantes a su manera, pero les falta el contenido emocional de un diseño surgido de la mano.
Hace unos años, estaba sentado en una reunión de docentes bastante aburrida en Princeton. Para pasar el tiempo, saqué mi bloc para empezar a dibujar un plano, probablemente de algún edificio que estaba diseñando. Un colega igualmente aburrido me miraba, divertido. Llegué a un punto de indecisión y le pasé el bloc. Agregó unas líneas y me lo devolvió.
Empezó el juego. Seguimos para acá y para allá, dibujando cinco líneas cada uno, después cuatro y así sucesivamente.
Aunque no hablábamos, compartíamos un diálogo sobre ese plano y nos entendíamos perfectamente. Supongo que habríamos podido mantener un debate así con palabras, pero habría sido enteramente distinto. Nuestro juego no tenía ganadores o perdedores, se refería a un lenguaje compartido. Sentíamos un amor genuino por hacer ese dibujo. Había una insistencia, a través del acto de dibujar, en que la composición se mantuviera abierta, que la especulación siguiera “húmeda” en el sentido de una pintura. Nuestro plano no tenía escala y lo mismo podíamos estar dibujando fácilmente un inmueble doméstico como una parte de la ciudad. El acto de dibujar era lo que nos permitía especular.
Mientras trabajo con mis estudiantes y mis empleados, todos muy avezados en informática, noto que algo se perdió cuando dibujan solamente en la computadora. Es análogo a escuchar las palabras de una novela leída en voz alta, cuando leerlas en papel nos permite soñar un poco, hacer asociaciones más allá de las frases literales en la página. Del mismo modo, dibujar a mano estimula la imaginación y nos permite especular sobre ideas, un buen signo de que estamos verdaderamente vivos.
En la actualidad, los arquitectos normalmente utilizan el software de diseño asistido por computadora con nombres como AutoCAD y Revit, una herramienta para “modelado de información para la edificación”. Los edificios ya no sólo se diseñan visual y espacialmente; se “computarizan” a través de bases de datos interconectadas.
Ejerzo la arquitectura desde el año 1964, y mi estudio no está inmunizado. Como la mayoría de los arquitectos, en nuestra rutina usamos éste y otros programas de software, especialmente para los documentos de obra, pero también para desarrollar diseños y hacer presentaciones. No es algo intrínsecamente problemático, salvo que sea sólo eso.
Por muy impresionante que llegue a ser la tecnología, la arquitectura no puede divorciarse del dibujo. Los dibujos no son únicamente productos finales: son parte del proceso de pensamiento del diseño arquitectónico. Los dibujos expresan la interacción de nuestras mentes, ojos y manos. Esta última aseveración es absolutamente crucial respecto de la diferencia entre los que dibujan para conceptualizar la arquitectura y los que usan la computadora.
Por supuesto, en ciertos aspectos, el dibujo no está muerto: hay un enorme mercado para el trabajo original de arquitectos respetados. He tenido varias muestras individuales en galerías y museos de Nueva York y otras partes, y mis dibujos figuran en las colecciones del Metropolitan Museum of Art, del Museo de Arte Moderno y del Cooper-Hewitt. ¿Puede, empero, el valor de los dibujos ser el de un objeto de colección o una linda imagen? No. Al hacer cada dibujo, tengo un verdadero propósito, ya sea recordar o estudiar algo. Cada uno es parte de un proceso y no un fin en sí mismo. Personalmente, no sólo me siento fascinado por qué deciden dibujar los arquitectos sino por aquello que deciden no dibujar.
Llevo décadas afirmando que el dibujo arquitectónico puede dividirse en tres tipos a los que yo llamo: el “boceto referencial”, el “estudio preparatorio” y el “dibujo definitivo”. El dibujo definitivo, el último y más desarrollado de los tres, en la actualidad es casi universalmente producido en la computadora, y está bien. Pero, ¿y los otros dos? ¿Qué valor tienen en el proceso creativo? ¿Qué pueden enseñarnos?
El boceto referencial sirve como diario visual, un registro de los descubrimientos que hace un arquitecto. Puede ser tan simple como una anotación taquigráfica de un concepto de diseño o puede describir detalles de una composición más grande. Podría inclusive no ser un dibujo relacionado con un edificio o un momento en la historia. Es probable que no represente la “realidad”, sino que más bien capture una idea.
Estos bocetos son, por ende, intrínsecamente fragmentarios y selectivos. Cuando dibujo algo, lo recuerdo. El dibujo sirve para recordarme la idea que me llevó a registrarla en primer lugar. Esa conexión visceral, ese proceso de pensamiento, no puede ser replicado por una computadora.
El segundo tipo de dibujo, el estudio preparatorio, forma parte normalmente de una progresión de dibujos que elaboran un diseño. Al igual que el boceto referencial, puede no reflejar un proceso lineal. (El diseño asistido por computadora me parece mucho más lineal.)
A mí personalmente me gusta dibujar en papel de calcar amarillo, que me permite ir superponiendo por capas un dibujo sobre otro, tomando como base lo que dibujé antes y, como dije antes, crear una conexión emocional personal con el trabajo.
Hay cierto goce en la creación de estos dos tipos de dibujo que deriva de la interacción entre la mente y la mano. Esas interacciones físicas y mentales con los dibujos constituyen actos formativos. En un dibujo hecho a mano, ya sea en una tableta electrónica o sobre papel, hay entonaciones, huellas de intenciones y especulación. No se diferencia mucho de la forma en que un músico puede entonar una nota o en que entendemos subliminalmente una improvisación de jazz y nos hace sonreír.
Encuentro que esto difiere mucho del “diseño paramétrico” actual, que permite a la computadora generar la forma a partir de una serie de instrucciones, lo cual deriva a veces en la llamada arquitectura amorfa. Los diseños son complejos e interesantes a su manera, pero les falta el contenido emocional de un diseño surgido de la mano.
Hace unos años, estaba sentado en una reunión de docentes bastante aburrida en Princeton. Para pasar el tiempo, saqué mi bloc para empezar a dibujar un plano, probablemente de algún edificio que estaba diseñando. Un colega igualmente aburrido me miraba, divertido. Llegué a un punto de indecisión y le pasé el bloc. Agregó unas líneas y me lo devolvió.
Empezó el juego. Seguimos para acá y para allá, dibujando cinco líneas cada uno, después cuatro y así sucesivamente.
Aunque no hablábamos, compartíamos un diálogo sobre ese plano y nos entendíamos perfectamente. Supongo que habríamos podido mantener un debate así con palabras, pero habría sido enteramente distinto. Nuestro juego no tenía ganadores o perdedores, se refería a un lenguaje compartido. Sentíamos un amor genuino por hacer ese dibujo. Había una insistencia, a través del acto de dibujar, en que la composición se mantuviera abierta, que la especulación siguiera “húmeda” en el sentido de una pintura. Nuestro plano no tenía escala y lo mismo podíamos estar dibujando fácilmente un inmueble doméstico como una parte de la ciudad. El acto de dibujar era lo que nos permitía especular.
Mientras trabajo con mis estudiantes y mis empleados, todos muy avezados en informática, noto que algo se perdió cuando dibujan solamente en la computadora. Es análogo a escuchar las palabras de una novela leída en voz alta, cuando leerlas en papel nos permite soñar un poco, hacer asociaciones más allá de las frases literales en la página. Del mismo modo, dibujar a mano estimula la imaginación y nos permite especular sobre ideas, un buen signo de que estamos verdaderamente vivos.
Michael Graves
Publicado en suplemento ARQ Clarin 07/09/2012Original en ingles TNYT 02/09/2012
Fredy Massad (Buenos Aires, 1966) es un arquitecto atípico, un proyectista que no construye. Con título por la Facultad de Arquitectura, Diseño y Planeamiento Urbano de la Universidad de Buenos Aires (Argentina), es profesor Ad Honorem de la Cátedra Solsona-Ledesma-Salama de la misma Universidad desde 2009 y da clases en el BIArch (Barcelona Institute of Architecture). Con todo, y fundamentalmente, trabaja como crítico de arquitectura en el periódico ABC y en la revista de arte contemporáneo Exit-Express. En 1996, y junto a la historiadora Alicia Guerrero Yeste, fundó ¿btbW/Architecture para investigar y realizar análisis críticos sobre la arquitectura contemporánea. Desde entonces, ambos son conferenciantes internacionales y los artículos firmados por ambos aparecen en diferentes medios internacionales de Hispanoamérica, Europa y Asia.
¿Por qué estudió arquitectura?
No encuentro una razón concreta para justificar por qué estudié arquitectura. En mi familia no hay ningún arquitecto ni tampoco crecí en un entorno que, directa o indirectamente, me alentara a ello. Quiero creer que fueron una serie de casualidades lo que me llevó finalmente hacia esa decisión.
....
¿Qué esperaba de los estudios?
Mucho a nivel de desarrollo personal e intelectual antes que a nivel pragmático. Retrospectivamente, la sensación era como la de dar un salto al vacío, una ausencia de perspectiva materialista que te otorgaba una fuerte sensación de libertad y te hacía intuir que todo lo que pudiera suceder después (profesionalmente hablando) iba a ser más de lo que podías esperar.
....
¿Cuándo y por qué optó por una dedicación profesional diferente?
Las cosas fueron dándose por diferentes circunstancias. Cuando terminé mis estudios preferí no hacer planes a largo plazo. Estaba en una edad en que me parecía que era posible dejar mi vida librada al azar y guiarme por las intuiciones. Había estudiado fotografía paralelamente a arquitectura, lo que me permitió empezar a colaborar con revistas. También la curiosidad y cierta disconformidad me movieron a hacer entrevistas a arquitectos que me interesaban en aquel momento, buscando en la conversación con ellos respuestas de primera mano a mis propias dudas e inquietudes.
Ejercí también durante un tiempo la docencia en la facultad de arquitectura.
Al llegar a España en 1996, conocí a Alicia Guerrero Yeste y, de la unión de fuerzas y perfiles, creamos nuestra oficina para analizar diferentes aspectos de la arquitectura contemporánea.
¿Cómo valora económica, personal e incluso socialmente esa decisión?
Respecto a lo económico, si uno lo aborda con mentalidad mercantilista, definitivamente nunca consideraría rentable dedicarse a esto. A nivel personal, y en el punto en que me encuentro, estoy satisfecho aunque convencido de que me queda mucho por hacer. Tomé una decisión que me permitió, de manera natural, encontrar el lugar y unas condiciones de independencia en que me siento realizado. No me había nunca detenido a hacer una valoración de la dimensión social de la decisión, pero la verdad es que no he concebido nunca mi trabajo como medio para conseguir o identificarme con un estatus.
....
¿Qué puede hacer la arquitectura por la sociedad más allá de los planos?
Muchísimo. Yo siento que estoy trabajando dentro de la arquitectura. Aunque creo que la arquitectura es primordialmente construir también debe haber individuos que trabajen para desarrollar en positivo un entorno intelectual, ideológico… para que ésta actúe y esto es posible desempeñarlo desde campos como la investigación académica, la experimentación con nuevos materiales, la industrialización, la gestión editorial…
El objetivo común debe ser lograr esa necesaria salida de la endogamia, volver a conectar con la sociedad. En este momento, el arquitecto debe llevar a cabo una profunda introspección, poner el tablero patas arriba: recordar que la arquitectura es política, que sirve para mejorar la vida de los individuos y la sociedad. Retomar el camino de la ética rompiendo con las ataduras que han impuesto unos arquitectos y una arquitectura que actuaron en connivencia con el proyecto neoliberal.
....
¿Qué consejos daría a un estudiante de arquitectura?
Creo que cada persona debe definir y entregarse a su propia experiencia, por eso no soy muy partidario de dar consejos. Recomendaría tal vez que tome la profesión con pasión y responsabilidad. Tener en cuenta que guiarse por el instinto no suele fallar y que no traspasar nunca ciertas barreras éticas otorga seguridad. Y, por último, que pierdan el respeto hacia cualquier gurú.
No encuentro una razón concreta para justificar por qué estudié arquitectura. En mi familia no hay ningún arquitecto ni tampoco crecí en un entorno que, directa o indirectamente, me alentara a ello. Quiero creer que fueron una serie de casualidades lo que me llevó finalmente hacia esa decisión.
....
¿Qué esperaba de los estudios?
Mucho a nivel de desarrollo personal e intelectual antes que a nivel pragmático. Retrospectivamente, la sensación era como la de dar un salto al vacío, una ausencia de perspectiva materialista que te otorgaba una fuerte sensación de libertad y te hacía intuir que todo lo que pudiera suceder después (profesionalmente hablando) iba a ser más de lo que podías esperar.
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¿Cuándo y por qué optó por una dedicación profesional diferente?
Las cosas fueron dándose por diferentes circunstancias. Cuando terminé mis estudios preferí no hacer planes a largo plazo. Estaba en una edad en que me parecía que era posible dejar mi vida librada al azar y guiarme por las intuiciones. Había estudiado fotografía paralelamente a arquitectura, lo que me permitió empezar a colaborar con revistas. También la curiosidad y cierta disconformidad me movieron a hacer entrevistas a arquitectos que me interesaban en aquel momento, buscando en la conversación con ellos respuestas de primera mano a mis propias dudas e inquietudes.
Ejercí también durante un tiempo la docencia en la facultad de arquitectura.
Al llegar a España en 1996, conocí a Alicia Guerrero Yeste y, de la unión de fuerzas y perfiles, creamos nuestra oficina para analizar diferentes aspectos de la arquitectura contemporánea.
¿Cómo valora económica, personal e incluso socialmente esa decisión?
Respecto a lo económico, si uno lo aborda con mentalidad mercantilista, definitivamente nunca consideraría rentable dedicarse a esto. A nivel personal, y en el punto en que me encuentro, estoy satisfecho aunque convencido de que me queda mucho por hacer. Tomé una decisión que me permitió, de manera natural, encontrar el lugar y unas condiciones de independencia en que me siento realizado. No me había nunca detenido a hacer una valoración de la dimensión social de la decisión, pero la verdad es que no he concebido nunca mi trabajo como medio para conseguir o identificarme con un estatus.
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¿Qué puede hacer la arquitectura por la sociedad más allá de los planos?
Muchísimo. Yo siento que estoy trabajando dentro de la arquitectura. Aunque creo que la arquitectura es primordialmente construir también debe haber individuos que trabajen para desarrollar en positivo un entorno intelectual, ideológico… para que ésta actúe y esto es posible desempeñarlo desde campos como la investigación académica, la experimentación con nuevos materiales, la industrialización, la gestión editorial…
El objetivo común debe ser lograr esa necesaria salida de la endogamia, volver a conectar con la sociedad. En este momento, el arquitecto debe llevar a cabo una profunda introspección, poner el tablero patas arriba: recordar que la arquitectura es política, que sirve para mejorar la vida de los individuos y la sociedad. Retomar el camino de la ética rompiendo con las ataduras que han impuesto unos arquitectos y una arquitectura que actuaron en connivencia con el proyecto neoliberal.
....
¿Qué consejos daría a un estudiante de arquitectura?
Creo que cada persona debe definir y entregarse a su propia experiencia, por eso no soy muy partidario de dar consejos. Recomendaría tal vez que tome la profesión con pasión y responsabilidad. Tener en cuenta que guiarse por el instinto no suele fallar y que no traspasar nunca ciertas barreras éticas otorga seguridad. Y, por último, que pierdan el respeto hacia cualquier gurú.
Por: Anatxu Zabalbeascoa. Nota completa en Del tirador a la ciudad 15/06/2012
Reproducción a escala o porción del mundo, embrión de futuro o premio consuelo, parcial o definitiva, la maqueta, alejada de las urgencias y precariedades cotidianas que la determinan, suele presentar aspectos y caracteres menos evidentes que aquellos recurrentes que el saber disciplinar configura. A partir de aquí, apenas una muestra de las múltiples y curiosas vidas de este objeto.
![]() | Ciertas veces, como inapelable prueba del tamaño e importancia de la empresa que demanda su ejecución o la jerarquía y prestigio de su destinatario, la maqueta suele revestir, como el dinero o la riqueza, una doble e ingrata faz; evidente y pasajero entretenimiento para quien la disfruta, mundo para quien la construye. |
| Casa de muñecas para la reina Maria. Proyecto de Edwin Lutyens. 1924 | |
![]() | Quien puede negar que la ocasión no ameritara el despliegue, a fin de cuentas, no todos los días le toca a uno presentar el Palacio de los Soviets ante un jurado importante y selecto. Aunque los recursos son escasos –el violonchelo seguramente es prestado- el dramatismo de la escena esta logrado, y tiene el aire seco y despojado de algunos momentos de Brecht. Presagiando el futuro del proyecto que representa, la maqueta desborda por los costados de la mesa, renuente a límites que la contengan, acomodándose a sus anchas ajena a las convenciones, como digna hija de su progenitor. Hace apenas instantes los asistentes han develado el misterio, Le Corbusier simulándose ajeno y absorto, interpreta su melodía - ¿musicaliza el poema del ángulo recto?- Como anunciando el futuro del proyecto, sin que nadie pueda verlo debido a las urgencias del momento, ya un fantasma vino a esconderse bajo la manta. |
| Presentación del proyecto del Palacio de los Soviets. Le Corbusier. 1941 | |
![]() | El es un hombre de mundo, sabe moverse en el ambiente y viste a la moda. Seguramente despierta suspiros entre sus clientas y sin dudas, su mirada viril inquieta más que sus ideas. Ella en cambio, amante obediente y sumisa, se contenta con ser apenas la borrosa proyección de las afectadas cualidades de su dueño, que la quiere aplicado y sin fervores. Sueña a veces y en secreto, con viajar, conocer gente, instruirse. Se diría que su estilo es sobrio y despojado. Por lo bajo, algunos chismosos de contratapa, murmuran que se parece mucho y mal, a otra que ocurría junto a una cascada. |
| Casa Mann. Arq. Norman Jaffe. Mount Vernon. USA. Foto a doble página. Revista Men's Bazaar. 1967 | |
![]() | En todo proyecto, suele haber momentos en que lo más firme y consistente, se enviste apenas de las cualidades de lo volátil o lo difuso. Así, pasamos sin escalas de lo grande a lo pequeño, torcemos, doblamos, y recortamos sin pudor, aquello que instantes atrás parecía definitivo. Con todo, transcurrir estas levedades es condición necesaria de futuras consistencias o amalgamas. Quien nos viera desde fuera diría que apenas si estamos jugando. Poco podría entender, la seriedad y persistencia de las angustias que acompañan estas instancias. Sin chistar, la maqueta acepta el entretenimiento, y hasta llega a proponernos cambiar las reglas de juego. No se le ocurre pedir que rindamos cuentas de nuestros errores y entre sus ventajas, la no menos destacable, supone que cuando se derrumba, apenas produce tímidos escombros que cualquier escoba barre y no dejan moretones si estos por casualidad nos golpean. Por suerte y para bien del proyecto, lo contrario ocurre con algunas obras e ideas, que duran lo que el tiempo. |
![]() | No es frecuente de ver que la maqueta ingobernada, desborde su confortable estatuto de objeto y devenga contexto o entorno. Aun así, cuando tales circunstancias ocurren y en virtud de nuestras perennes dimensiones, comenzamos a habitarla devenidos en asombrados gigantes. Suceden entonces al igual que en los cuentos, prodigiosas aventuras: podemos por ejemplo, cruzar ríos con apenas levantar el pie, saltarnos alegres de barrio en barrio, y si hemos tenido la precaución de cuidar nuestros pasos, visitar en corto rato, todos los museos y catedrales de Paris. Puede objetarse que tales instancias se dan tan solo como ocasionales divertimentos de feria. No es menos cierto, que en algunos momentos de iluminación divina o éxtasis disciplinar, los arquitectos operamos sobre la ciudad real con gestos de igual calibre y unanimidad a los de un Gulliver laborioso y atontado, donde el proyectar remite o se justifica apenas, en acciones tan triviales y hacendosas como barrer, lustrar o pasar la aspiradora. Baste imaginar, en algunas escalas y a modo de antídoto, el destino de una, en apariencia, insignificante mota de polvo. |
| Toledo Futura."La maqueta les da a los ciudadanos una mirada profética a la maravillosa ciudad que podrán tener dentro de 50 años". Norman Bel Geddes. Revista Life. Septiembre 1945. | |
![]() | ¿Quien habita la maqueta? Comparado con nosotros y en virtud de proporciones y escalas, podríamos suponerlo como algo blando, vagamente parecido a un suspiro, tenue, como de seda o tul. Sin embargo y pese a las apariencias, su fragilidad material es inversamente proporcional a los esfuerzos que le demanda su rutinaria vida. Bajo la estricta mirada del arquitecto, no es más que un actor que sometiéndose mansamente a sus caprichos, interpreta con esmero y sin quejas, los más difíciles y variados papeles que aquel sin sosiego le requiere. Unas veces bibliotecario, otras maestra, ama de casa, juez o doctor, los más afortunados llevan años desempeñando el oficio. A cambio de sus servicios, no pide remuneración y menos reconocimiento, le basta un rincón donde postrarse extenuado hasta la próxima jornada. Cuando el proyecto está acabado, cuando ya unos niños corren entre los muros de la casa que dio fama al arquitecto, puede por fin descansar en el rincón de un estudio, en la soledad de su maqueta. En ocasiones menos felices, el polietileno, el fuego o el olvido, ponen fin a su existencia. |
| Gabinete móvil de baño y lavatorio. Guy G. Rothenstein. 1950 |
Martin Ortiz
"Laura and Brady in the Shadow of Our House". Abelardo Morell. 1994
Hay cierta sabiduría en el modo en que juegan los niños.
Son ajenos al preconcepto y al malentendido, y descreen tanto de la tautología como del barroco. Con pocos años de instrucción elemental -a veces por simple imitación, casi como indígenas - pueden construir las más maravillosas arquitecturas con prácticamente nada. Fieles a un funcionalismo sin mitologias, eficaces a la hora de distribuir y proporcionar, les bastan apenas una sombra, unos leves trazos, y ya han construido su refugio y se los ve felices.
Cualquier material parecería resultarles pertinente y saben manejarlos con utilitaria libertad. Son poeticamente pragmaticos y cuando aun no han sido seducidos por la tecnología, la adoptan con el mas absoluto desden; prefieren el mas casero ready made.
Por supuesto, les sobra tiempo y puede vérselos durante horas, empeñados sin sosiego en las mas arduas y desproporcionadas tareas que repiten incansablemente ante nuestras adultas urgencias. Nada les da más placer y se diría que casi naturalmente, eligen inventar antes que consumir.
Por alguna razón, luego todo se complica y ya adultos, tendemos a olvidar estas habilidades e instintos.
Muchos años después unos pocos, tenemos la posibilidad de enfrentarnos nuevamente con el oficio. Le llamamos arquitectura y suele demandar ingentes esfuerzos aun para lograr algo apenas mediocre. Así y todo, suelen contratarnos para materializar sus sueños o multiplicar capitales, aquellos ocupados en otros menesteres.
En ocasiones privilegiadas -cuando los astros se alinean o el ego duerme la siesta- proyectar consiste en recorrer un largo e incierto proceso de descarte y reescritura constantes, donde borrando inconsistencias logramos en un acto primordial, desprendernos momentáneamente de la carga que suponen los reglamentos, la experiencia acumulada o las imágenes de moda, para hacer aparecer sobre el papel, aquellas tenues pero imborrables líneas fundamentales. Comulgamos nuevamente así con la intuición, domesticando lo fantástico.
Quizás la buena arquitectura, además de las nomenclaturas al uso y las imprescindibles reglas del oficio implique sobre todo, la habilidad en despertar y convocar, propios y ajenos, saberes dormidos.
Son ajenos al preconcepto y al malentendido, y descreen tanto de la tautología como del barroco. Con pocos años de instrucción elemental -a veces por simple imitación, casi como indígenas - pueden construir las más maravillosas arquitecturas con prácticamente nada. Fieles a un funcionalismo sin mitologias, eficaces a la hora de distribuir y proporcionar, les bastan apenas una sombra, unos leves trazos, y ya han construido su refugio y se los ve felices.
Cualquier material parecería resultarles pertinente y saben manejarlos con utilitaria libertad. Son poeticamente pragmaticos y cuando aun no han sido seducidos por la tecnología, la adoptan con el mas absoluto desden; prefieren el mas casero ready made.
Por supuesto, les sobra tiempo y puede vérselos durante horas, empeñados sin sosiego en las mas arduas y desproporcionadas tareas que repiten incansablemente ante nuestras adultas urgencias. Nada les da más placer y se diría que casi naturalmente, eligen inventar antes que consumir.
Por alguna razón, luego todo se complica y ya adultos, tendemos a olvidar estas habilidades e instintos.
Muchos años después unos pocos, tenemos la posibilidad de enfrentarnos nuevamente con el oficio. Le llamamos arquitectura y suele demandar ingentes esfuerzos aun para lograr algo apenas mediocre. Así y todo, suelen contratarnos para materializar sus sueños o multiplicar capitales, aquellos ocupados en otros menesteres.
En ocasiones privilegiadas -cuando los astros se alinean o el ego duerme la siesta- proyectar consiste en recorrer un largo e incierto proceso de descarte y reescritura constantes, donde borrando inconsistencias logramos en un acto primordial, desprendernos momentáneamente de la carga que suponen los reglamentos, la experiencia acumulada o las imágenes de moda, para hacer aparecer sobre el papel, aquellas tenues pero imborrables líneas fundamentales. Comulgamos nuevamente así con la intuición, domesticando lo fantástico.
Quizás la buena arquitectura, además de las nomenclaturas al uso y las imprescindibles reglas del oficio implique sobre todo, la habilidad en despertar y convocar, propios y ajenos, saberes dormidos.
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| Composicion en mamposteria y acero. E. E. Viollet-le-Duc. Entretiens sur l"Architecture. Paris, 1863 |
Ciertos modos de ver recurrentes instauran sobre saberes y cosas, especies de moldes, crisálidas rígidas pacientemente tejidas en torno a unas originales incógnitas que lentamente van perdiendo visibilidad y potencia, ante unos ojos acostumbrados ya a ver solo el envoltorio; convenciones y certezas que de allí en adelante, gracias a la tranquilidad que da la costumbre, serán difíciles de remover. Frente a esta dificultad, pretendernos originales implica muchas veces, emprender en torno a un gusano virgen un nuevo y lento hilado antes que –emulando a Penélope- el destramado de los existentes. Instauramos así, quizás sin saberlo, una dualidad innecesaria.
En torno a este dibujo de Viollet le Duc, años de sesudas criticas, clases y coloquios, no han dejado de repetirnos aquello de la racionalidad en el uso de los materiales y la nobleza constructiva, el rol pedagógico del pasado y una larga serie de etcéteras. Así, nos hemos convencido –nos hemos dejado convencer- de que aquí no hay más que un excelente dibujo de un proyecto un tanto ingenuo. La combinación perfecta de corte y perspectiva, detalle y despiece constructivo, en un manejo exquisito del valor de línea orientado en el encuadre y la intención narrativa. Una conglomeración de cúpulas, bóvedas, tensores y contrafuertes con mucho optimismo en el futuro. Y todo lo demás.
Sin embargo, hoy sabemos que eso ya no es tan importante, lo importante es lo obvio; lo importante es la niebla.
Donde siempre creímos ver la disolución del fondo en favor de la nitidez explicativa de la figura central y su duplicación en detalle, no hay más que un espeso y amenazante manto de niebla que avanza imparable por el corredor; ya ha copado el exterior, engullido la ciudad y pese a la indiferencia que simulan afectar, esta apunto de atrapar a las figuras al pie del muro ¿Qué esperan, por qué no salen corriendo?, quisiéramos gritarles si pudieran escucharnos. Los temblores ya han comenzado a derribar el edificio.
Desde aquí y recurriendo a taxonomias de moda, podríamos afirmar sin temor a equivocarnos, que Le Duc es el primer arquitecto de la desmaterialización, el primer pos-posmoderno, el anticipador del cine catástrofe… y otra vez una larga serie de etcéteras.
Y sin embargo….
¿Como entender esta niebla en Le Duc?
¿Será tal vez la incipiente abolición del pasado –escurriéndose inevitablemente en un arquitecto que no hizo más que estudiarlo- que mucho después enarbolaría como estandarte el movimiento moderno en su intento por pensarse y mostrase como origen? ¿Acaso es esta niebla el lapsus psicoanalítico donde se manifiesta la frustración de un arquitecto sin obra, al menos de aquella que goza del raro privilegio de lo original?
Sabemos que escribió y dibujó mucho, construyó poco y casi todo lo que hizo, lo hizo sobre ruinas. Sus obras no lograron despegarse del pastiche que carcomía su época y filtrar a la realidad, las geniales intuiciones de sus proyectos; años mas tarde, otros lo harían por el. Pese a todo, fue uno de los primeros en pensar y sistematizar metodológicamente la Arquitectura como una disciplina compleja, en la que el arquitecto, por oposición a los modos de su época, prolíficos en devaneos estilísticos de índole y éxito dispar, debía convertirse en un articulador de variables contradictorias que trabajara sobre los principios sobre los que articular la forma antes que sobre dudosas convenciones de estilo que la prefiguraran.
Sus recomendaciones sobre hacer arquitectura siguen aun vigentes, solapadas y veladas en el trasfondo de nuestro hacer cotidiano como una suerte de tacito juramento hipocrático jamas enunciado que sin saberlo cumplimos. Alguna de ellas, aseveraba que uno de los modos más eficientes de proyectar, era estudiar la arquitectura del pasado y la forma de construirla, ya que adoptados los principios constructivos antiguos pero adaptados a nuevos materiales, la forma necesariamente debería adaptarse y cambiar también. Bien mirado ¿De que otro modo podria haber entendido la arquitectura un arquitecto como Le Duc, dedicado a ampliar y restaurar desprejuiciadamente para su epoca obras del pasado, sino como una herramienta para establecer continuidades y diálogos en el tiempo?
Algo de esto tambien deben haber entendido el Zumthor vaporoso de las termas de Vals, el enigmático y silencioso Kolhaas de la biblioteca de Francia o los más obvios Diller y Escofidio en el Pabellón de Nubes, prolíficos y afinados en construir con nieblas.
Mas pedestres nosotros a veces, frente a la angustia que provoca la certeza de que todo esta ya inventado -hay siempre un antes en toda aparente nueva idea- solemos justificar nuestros proyectos en dudosas genealogías de escaso follaje, olvidándonos de que lo verdaderamente inagotable frente a la repetición, es la mirada con la que podríamos redescubrir cotidianamente la realidad.
En esta época de arquitecturas que se empeñan en reinventarse con cada nuevo numero de la revista de turno, no resulta ocioso de vez en cuando, si la inspiración o el ego nos fallan, abrir -aunque sea al azar y como jugando- algún viejo y empolvado tratado o manual ya en desuso. ¿Con qué otro motivo sino, justificaríamos una biblioteca?
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| Paisaje de nubes. Transsolar & Tetsuo Kondo. Bienal de Venecia. 2010 Martin Ortiz |
¿Que azar o destino habra echado a rodar este subdesarrollado partenón?
¿Una inundación? ¿Un casamiento o un funeral?...tal vez, la visita inoportuna de algunos parientes que llegan sin avisar y han decidido quedarse más de lo previsto. En cualquier caso la respuesta permanecerá como conjetura.
Sin embargo, de algo estamos seguros. Ignoran.
Esa cosa que llamamos Arquitectura y toda su historia como disciplina. También a sus primas lejanas las Cariátides, el nombre de un tal Semper , aquello de "menos es mas", la sinceridad en el uso los materiales, la belleza y la armonía de las formas. Permanecen ajenos -y seguirán estándolo- a toda discusión o debate en torno al habitar y los cientos de congresos que organizamos para intentar asegurarnos un significado medianamente válido y creíble, al menos, hasta el próximo congreso.
Les basta caminar, por pura necesidad, y ya sus torsos y rodillas flexionadas son la prueba evidente del peso de la techumbre y la pendiente del terreno. Un poco ironicamente, no sin cierta torpeza, diríamos que es una arquitectura "adaptada al lugar". Ajenos a todo esto, son la prueba pedestre y genial del arquetipo, y en una inocente y maravillosa síntesis, conjugan tambien la casa y el automovil, que no inventaron ni poseen pero reproducen como mejor les sale, en una extraña mezcla entre Los Picapiedras y Walking City.
Simplemente andan -podría comenzar a llover y seguirían andando- y sin embargo, en este simple acto, no hacen más que recordarnos y poner en evidencia que después de todo, quizás siempre se haya tratado de lo mismo.
Desde esta imagen, podría desplegarse una historia de la arquitectura que relatara los vaivenes disciplinares en torno a los modos en que el hombre ha enfrentado la aparentemente sencilla tarea de plantar unos postes, desplegar una cubierta: construir un refugio. Si alguien ya lo hizo, a juzgar por las estrategias más visibles de la arquitectura contemporánea, probablemente el documento esté aguardando un futuro promisorio en algun anaquel olvidado.
Aquí, algunos historiadores y críticos de oficio carraspearan un poco, protestarán otro tanto los mas vehementes, y con razón. No existen soluciones -formas- invariantes que como inmutables tipos originarios, atraviesan inmunes la historia aportando respuestas a problemas sin tiempo, ajenos a la cultura que los conforma y que a su vez determinan. Pero dado que tras nuestra imperiosa necesidad contemporanea de materializar un futuro inminente por demás de esquivo, pareceríamos estar olvidando de algun modo nuestra experiencia acumulada -las charlas de ascensor aún insisten con la lluvia o el calor- podría proponerse en cambio que tal vez, detrás de las miles de formas, debates y artilugios desplegados desde, supongamos, la cúpula de Florencia, siempre nos hemos estado haciendo mas o menos la misma pregunta; o también, que sería hora de volver a hacerla.
Martin Ortiz

Parecen lentes ...
Me gustan los lentes Mykita, porque se ven como gafas... son inmediatamente identificables como tales y evitan cualquier pregunta, cualquier comparación, cualquier cuestionamiento sobre la identidad del objeto. Son obvias y triviales, pueden formar parte de nosotros, de nuestra vida cotidiana.
Todos los días, desde el amanecer hasta el anochecer, tenemos problemas que resolver y utilizamos todos los medios posibles que tenemos a mano.
Necesitamos, por ejemplo, un cepillo de dientes, un reloj, un teléfono, gafas, un bolígrafo, y así sucesivamente ...
Piensese en una Bic que se parece a una Parker o en una Parker que se parece a un Aurora. Piensese en pantalones de jean que no sean los Levi’s 501 o en unas zapatillas de correr que no sean las clasicas Reebok.
Lo que importa es sostener un papel, una pluma, un par de gafas y no ser conscientes de su existencia, que no sean pesados porque estan demasiado presentes en nuestra rutina de todos los días.
Lo que importa es que son livianos y no van a cambiar o arruinarse por la manipulación constante. Como Aldo Rossi diría "un puente no puede caerse".
Las gafas Mykita, por lo que pude ver, funcionan. Son elegantes sin ser de lujo, funcionan y tienen algo que es muy importante: nos hacen sentir seguros porque ... porque "se ven como las gafas".
Eduardo Souto de Moura
Sugerimos el ejercicio de intentar trasladar estas apreciaciones a buena parte de la arquitectura contemporanea
Luis Camnitzer, "El paisaje como actitud", 1979.
La actividad de proyecto implica transitar un camino ciertamente no lineal, iterativo, que involucra un gran número de variables y que se nutre de estímulos provenientes de los más diversas ámbitos y disciplinas para formular sus hipótesis. La capacidad para diseñar depende de la sensibilidad y la cultura del proyectista, de su aptitud para generar para el mismo problema distintas alternativas de solución, de su habilidad para reconocer nuevas relaciones, de su ponderación para reestructurar las existentes, de su apertura y flexibilidad para encontrar fuente de sugerencia tanto en lo previsible como en lo casual y fortuito.
Con toda su complejidad, y sobre todo gracias a ella, la experiencia del proyecto es, al igual que cualquier actividad creativa, intensa y disfrutable. Disfrutamos tanto de la sorpresa como de la previsión. Aunque el impulso misterioso y oculto de la intuición se nos hace imprescindible, es también ineludible la necesidad de desentrañar y comprender los mecanismos y recursos que orientan las decisiones proyectuales.
Dentro de la trama de variables de diseño que la experiencia reconoce, existen algunas que parecen gozar de cierto consenso: la relación con el contexto en el sentido más amplio; la interpretación funcional o de uso; la lógica morfológica; la expresión tecnológica y material; la orientación, dimensiones, proporción y escala del objeto de diseño. Sin embargo, el oficio de nuestra profesión en su ejercicio cotidiano hace que habitualmente no siempre reparemos de manera consciente en el modo en que dichas variables intervienen en el proceso de proyecto. Con frecuencia es la circunstancia del ejercicio de la actividad docente y la reflexión didáctica sobre la comunicación y transmisión mas adecuada de la complejidad inherente a los procesos de creación, el detonante principal de la mayor parte de las interrogantes al respecto. La enseñanza y el aprendizaje presuponen el cuidado del delicado y necesario equilibrio entre disciplina y juego creativo. Y las didácticas aplicadas en la enseñanza, del diseño en general y la arquitectura en particular, no son la excepción.
Dentro de este contexto, en muchas oportunidades resulta de gran utilidad provocar intencionadamente una situación circunstancial y provisoria de extrañamiento en el objeto de nuestro diseño. De ese modo la mirada se renueva a partir de una reestructuración de las condiciones de observación del mismo. El objeto puede así cambiar momentáneamente de entorno físico, reorientarse, modificar su identidad material, deformarse, mutar su identidad espacial, cambiar su peso, albergar funciones alternativas, alterar su escala...
Precisamente la manipulación de la escala opera muchas veces como un eficiente recurso para cuestionar el conjunto de variables y atributos propios del proyecto de arquitectura. Modificar sensiblemente la escala con la cual es percibida una entidad volumétrica-espacial, equivale a cambiar por completo la relación con su entorno y el rol que en el desempeñaba y en una u otra medida su significado. La consistencia original se pone así en tela de juicio y a través de su reafirmación o cuestionamiento permitimos que las ideas involucradas evolucionen y se desarrollen. En este contexto, la alteración de la escala funciona como mecanismo de creación e hipótesis operativa de evolución del proceso de diseño.
Con toda su complejidad, y sobre todo gracias a ella, la experiencia del proyecto es, al igual que cualquier actividad creativa, intensa y disfrutable. Disfrutamos tanto de la sorpresa como de la previsión. Aunque el impulso misterioso y oculto de la intuición se nos hace imprescindible, es también ineludible la necesidad de desentrañar y comprender los mecanismos y recursos que orientan las decisiones proyectuales.
Dentro de la trama de variables de diseño que la experiencia reconoce, existen algunas que parecen gozar de cierto consenso: la relación con el contexto en el sentido más amplio; la interpretación funcional o de uso; la lógica morfológica; la expresión tecnológica y material; la orientación, dimensiones, proporción y escala del objeto de diseño. Sin embargo, el oficio de nuestra profesión en su ejercicio cotidiano hace que habitualmente no siempre reparemos de manera consciente en el modo en que dichas variables intervienen en el proceso de proyecto. Con frecuencia es la circunstancia del ejercicio de la actividad docente y la reflexión didáctica sobre la comunicación y transmisión mas adecuada de la complejidad inherente a los procesos de creación, el detonante principal de la mayor parte de las interrogantes al respecto. La enseñanza y el aprendizaje presuponen el cuidado del delicado y necesario equilibrio entre disciplina y juego creativo. Y las didácticas aplicadas en la enseñanza, del diseño en general y la arquitectura en particular, no son la excepción.
Dentro de este contexto, en muchas oportunidades resulta de gran utilidad provocar intencionadamente una situación circunstancial y provisoria de extrañamiento en el objeto de nuestro diseño. De ese modo la mirada se renueva a partir de una reestructuración de las condiciones de observación del mismo. El objeto puede así cambiar momentáneamente de entorno físico, reorientarse, modificar su identidad material, deformarse, mutar su identidad espacial, cambiar su peso, albergar funciones alternativas, alterar su escala...
Precisamente la manipulación de la escala opera muchas veces como un eficiente recurso para cuestionar el conjunto de variables y atributos propios del proyecto de arquitectura. Modificar sensiblemente la escala con la cual es percibida una entidad volumétrica-espacial, equivale a cambiar por completo la relación con su entorno y el rol que en el desempeñaba y en una u otra medida su significado. La consistencia original se pone así en tela de juicio y a través de su reafirmación o cuestionamiento permitimos que las ideas involucradas evolucionen y se desarrollen. En este contexto, la alteración de la escala funciona como mecanismo de creación e hipótesis operativa de evolución del proceso de diseño.
Parodi Rebella, Aníbal (2010) Escalas alteradas La manipulación de la escala como detonante del proceso de diseño. Tesis(Doctoral), E.T.S. Arquitectura (UPM).
En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.
Suarez Miranda, VIAJES DE VARONES PRUDENTES, LIBRO IV,CAP. XLV, Lerida, 1658
Suarez Miranda, VIAJES DE VARONES PRUDENTES, LIBRO IV,CAP. XLV, Lerida, 1658
Jorge Luis Borges
El hacedor 1960
No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis, es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.
La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia.
El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.
Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”
Albert Einstein.
1879-1955.
Amó aquella vez como si fuese última
besó a su mujer como si fuese última
y a cada hijo suyo cual si fuese el único
y atravesó la calle con su paso tímido
subió a la construcción como si fuese máquina
alzó en el balcón cuatro paredes sólidas
ladrillo con ladrillo en un diseño mágico
sus ojos embotados de cemento y lágrimas
Sentose a descansar como si fuese sábado
comió su pan con queso cual si fuese un príncipe
bebió y sollozó como si fuese un náufrago
danzó y se rió como si oyese música
y tropezó en el cielo con su paso alcohólico
y flotó por el aire cual si fuese un pájaro
y terminó en el suelo como un bulto fláccido
y agonizó en el medio del paseo público
murió a contramano entorpeciendo el tránsito
Amó aquella vez como si fuese el último
besó a su mujer como si fuese única
y a cada hijo suyo cual si fuese el pródigo
y atravesó la calle con su paso alcohólico
subió a la construcción como si fuese sólida
alzó en el balcón cuatro paredes mágicas
ladrillo con ladrillo en un diseño lógico
sus ojos embotados de cemento y tránsito
Sentose a descansar como si fuese un príncipe
comió su pan con queso cual si fuese el máximo
bebió y sollozó como si fuese máquina
danzó y se rió como si fuese el próximo
y tropezó en el cielo cual si oyese música
y flotó por el aire cual si fuese sábado
y terminó en el suelo como un bulto tímido
agonizó en el medio del paseo náufrago
murió a contramano entorpeciendo el público
Amó aquella vez como si fuese máquina
besó a su mujer como si fuese lógico
alzó en el balcón cuatro paredes flácidas
sentose a descansar como si fuese un pájaro
y flotó en el aire cual si fuese un príncipe
y terminó en el suelo como un bulto alcohólico
murió a contramano entorpeciendo el sábado
Por ese pan de comer y el suelo para dormir
registro para nacer permiso para reír
por dejar de respirar y por dejar de existir
Dios le pagué
Por esa grapa de grasa que tenemos que beber
por ese humo desgracia que tenemos que toser
por los andamios de gente para subir y caer
Dios le pagué
Por esa vida que un día nos va a anular y escupir
y por las moscas y besos que nos vendrán a cubrir
y por la calma postrera que al fin nos va a redimir
Dios le pagué.
Chico Buarque - 1971
Sentir la arquitectura. La maqueta no está al servicio de la comprobación de unos planos ni se trata de una mera presentación para un público, sino que ella misma se convierte en un instrumento del proyectar. Con la maqueta empieza y termina el proyecto.
El proyectar alejado del mouse, con las manos en contacto con el material, dejando al descubierto que la arquitectura se hace desde las entrañas y a través de un viaje por la memoria de la experiencia.
La maqueta es una herramienta con la que se trabaja un tema previo. Éste es el elemento más importante, porque contiene una idea. Una idea hay que analizarla continuamente para encontrar el “núcleo esencial” y evitar perderla. La forma viene con el tiempo y con ella la belleza. Pero primero hay que recorrer un camino de palabras, sensaciones, imágenes y preguntas. De aquellas arquitecturas que más nos han impresionado y condicionado conservamos dentro de nosotros las imágenes. Producir las imágenes interiores es un proceso natural que todos conocemos. Es parte integrante del pensar. Pensar asociativa, salvaje, libre, ordenada y sistemáticamente por imágenes, por medio de imágenes arquitectónicas, espaciales, coloradas y sensuales; esa es la definición del proyectar. Ahí encontramos la síntesis de un pensamiento global, en el cual imágenes, ideas y atmósferas, toman forma en la maqueta.
Con la maqueta experimentamos y practicamos, como el músico con sus escalas, con ritmos creados por la agrupación de masas, combinaciones de colores, luz y sombra, atmósferas, etc. Debemos percibir intensamente y desarrollar sus cualidades. El trabajo de proyectar mira directamente a objetos concretos con materiales verdaderos (arcilla, piedra, acero, madera, yeso, ladrillos…).
Consecuentemente la maqueta se convierte en el medio tangible que permite barajar los diversos conceptos e irse aproximando a la forma. La propia elección del material está ligada a la idea y a la maqueta. Del mismo modo el tratamiento o el modo de ensamblar el material deben referirse a la esencia del proyecto. Así los materiales adquieren cualidades poéticas si se generan las pertinentes relaciones formales y de sentido en el propio objeto, pues los materiales no son de por sí poéticos.
Se necesitan cinco palabras que definan la esencia del proyecto. Palabras podían ser cualesquiera: amorfo, poroso, transparente, calido, sombrío, sexy… Este conjunto de conceptos es el que se utiliza para usar un material u otro en la maqueta, sin que exista por lo tanto una connotación estricta hacia el material de construcción. Pero esta primera elección ya descarta muchos materiales y la propia forma de usarlos. Pesadas masas de piedra, tejidos volátiles, el crudo acero, la caoba pulida, el vidrio cristalino, el asfalto blando calentado por el sol… son los materiales del arquitecto, nuestros materiales. Todos los conocemos… y al mismo tiempo no los conocemos. Para proyectar, para idear la arquitectura, debemos aprender a utilizar y a tratar de modo consciente estos materiales. Es un trabajo de búsqueda. Es un trabajo de memoria. Es un compromiso con la materia, con su esencia.
Jorge Vidal Tomás
Taller Illescas-Vidal
Proyectos V-VI ETSAB
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